jueves, 29 de enero de 2009
Vida natural
miércoles, 21 de enero de 2009
Santos sudarios
Estoy viendo el torneo de tenis denominado "Abierto de Australia"(*) que se juega por estos días, lamentando que se televise en directo tan tarde y que te hagan perder horas de sueño u ocasionen problemas de pareja, pero bueno, así es la Tierra, le gusta rotar alrededor del sol. Como siempre, me detengo en banalidades, nada de hablar de la calidad del juego, de esa velocidad de la pelota que parece estar fuera del control humano. La banalidad, o no tanto, en la que me detuve es el hecho de que los alcanza-pelotas también son alcanza-toallas. Me parece una bajeza. ¿No pueden usar la tecnología para que un ser humano no tenga que cargar con la transpiración de otro? Encima hay jugadores que tienen como un tic y se pasan la mano delante de la cara a modo de parabrisas a cada rato. Si siguen así van a conseguir que alguien también les cambie las medias. Mi mujer (gran aceptadora del mundo tal como es), me dijo: Pero para los alcanza-toallas debe ser todo un honor, están ahí, al ladito, en vivo y en directo viendo lo mejor del tenis mundial y a sus ídolos. Ya que se supone que los colaboradores son personas afectas a ese deporte y no todo es dinero, puede ser... Me imagino a alguno o alguna de esos sostenedores de sudor en el futuro, contándole a su nieto: Y yo fui el que ese año le alcancé la toalla a Del Proto, sudaba bastante y no olía tan mal. Un asco.(*) Como buen argentino clase media debería haber escrito "Australian Open", ya sé amigos, pero sin ser chuvinista, por qué no usar nuestro rico idioma. Sin oponerme, al contrario, creo que saber otro idioma no significa más que saber otro idioma, no hay para mí supremacia (o posibilidad de valoración) de uno sobre otro. Tampoco creo demasiado en la penetración cultural (tan gráfica ella) a través del idioma, miren sino Miami, ya no saben cómo parar el español.
domingo, 18 de enero de 2009
Degustadores
Otra cosa que me tiene repodrido son los “los charlatanes del vino”. Yo creo que habría que repensar la división de clases y en lugar de alta, media y baja, hoy deberíamos hablar de burgueses, aspirantes a serlo y marginados. Los que hacen del vino una delectación tipo “soy un sibarita sin remedio” deberían estar incluidos en la clase de los aspirantes a burgueses. Mi división de clases no reconoce ideologías. La antigua izquierda también ha quedado atrapada de la cultura “gourmet” y ahora, el amigo que te habla un rato largo de las injusticias sociales, enseguida te pregunta: ¿Probaste el tempranillo? Hombre, deberías fijarte que detrás de todo eso hay un flor de negocio y que los placeres de la vida, los más lindos, no tienen precio, son personales instantes de felicidad por los que en general no se paga. Si hasta Mastergarcard se dio cuenta (solo que antes tenés que ponerte con los accesorios que le dan el marco a lo que no tiene precio). Un ejemplo de lo que digo (y ya me voy al carajo) es el fútbol, si uno sacara la parafernalia que lo rodea (periodistas, aguantadores, dirigentes, intermediarios) y se quedara con el placer de alcanzarle de un patadón la pelota a los pibes que están jugando en el campito, muchas cosas cambiarían. La delectación de vinos es una pasión burguesa. Alguien me dijo hace unos días: Al menos hemos vuelto a tomarlo. Hombre, desde que tenía seis años tomo vino con las comidas, mamá me servía el ancho de un dedo de tinto de una botella de litro y lo completaba con soda, ¡Mama!, exquisita e irrepetible agua sucia, gracias. Ahora tomo blanco con hielo y soda de sodero (la que no tiene el insípido gusto del agua mineral con gas) acompañando cualquier tipo de comida, si es seco mejor, pero ni me preguntes de qué bodega ni la variedad, tampoco si al final de tomarlo siento el gusto a las piedras que rodean el paisaje de las vides porque no me sale: el placer está en compartir una cena con seres queridos y reírnos hasta llorar, lo demás es un costoso cuento chino que seguro no mejora tu esencia.
jueves, 15 de enero de 2009
Discépolo me amarga
lunes, 12 de enero de 2009
Impresentable
sábado, 10 de enero de 2009
A ver...
Estaba por escribir sobre esos tipos y tipas que dicen "A ver..." todo el tiempo antes de contestar una pregunta. Como si fueran a darnos la última gota de un sublime pensamiento así estemos averiguando la hora. Pero, pero, Google mediante, me encontré con que Podeti (el de Clarín Blogs) ya lo hizo con mucha más suficiencia con la que podría haberlo hecho yo. Encima atraso, porque es un post de febrero de 2008. Al fin de cuentas, no estoy tan solo, ni soy tan original como lo creí desde mi nacimiento. Se me ocurre desviarme y hablar de las chicas que usan anteojos marcadamente nerds: ¿Pueden dejar de engañar a la gente hacéndoles creer que esos anteojos reflejan que tienen algo dentro de la cabeza? Ya sé que las modas son crueles: esa en particular es un cambalache, parece contribuir a que el burro pase por buen profesor. Otro día hablaré de "Cambalache", tengo algún reparo con ese tango.
jueves, 8 de enero de 2009
Contra código
Sé que altera el aire que alguien que supuestamente debería pensar de una manera piense de otra, sé también que hay una mayoría que tiene pereza o vergüenza de oponerse contra todos, yo soy de los segundos, sin dejar de ser tentado de manera pertinaz por los primeros.
Algunos ejemplos:
1) El principal problema de Argentina es la inseguridad. (¿Y la pobreza?, ¿la eduación?, ¿la salud?, ¿la vivienda?).
2) Todo lo negro es más sano, desde cigarrillos hasta el azúcar, sin dejar de mencionar a la raza, que tiene mayor potencia sexual que cualquier insano y débil blanco. (La contra culpa racista.)
3) El calentamiento global es producto de la acción del hombre. (¿Estamos seguros? ¿No es acaso la ecología una forma de no pensar en otros problemas Sr. Al Gore?)
4) ¿Por qué se identifican los días soleados como de "buen tiempo"? (¿No es bueno que llueva?)
Entonces, trataré de ocuparme de cosas tan banales como aquellas que parecen no serlas y lo haré de una manera irresponsable, sin ningún fundamento científico, opinando con la impunidad que otorga el anonimato.