domingo, 21 de marzo de 2010

Causalidad vs. casualidad


-No creo en la casualidad, creo en la causalidad -te largan esos que insinuan tener un saber secreto. Creo que entretiene el juego de palabras: CASUA, CAUSA, es como decir: conozco la diferencia entre Baya y Cafia. El problema de algunos CAUSalistas es que no se guardan un pedacito para las cosas que suceden por azar: sorpresas, imprevistos imposibles (quién iba a pensar que...). Es como que para alguno de ellos todo está estipulado, ya en el plan de Dios (imaginen ese planificador), ya en un cúmulo de decisiones tomadas por la persona que ostenta un destino digno de mostrar. Entonces, todo lo que le sucede, le sucede al causalista porque lo dispone alguien ajeno a él (una energía, la borra del café, la cofradía de la luz solar), el que lleva el registro el libro de su vida o porque él mismo (arquitecto de su propio destino al fin) lo ha dispuesto y las piezas se movieron a su antojo. Que me perdonen, pero yo creo en las dos cosas, en lo causal y en lo casual: el juego del azar, la rueda de la fortuna, circunstancias que sin mediar la voluntad de nadie en especial, para bien o para mal, se dan. Es claro que de eso no se puede hacer una religión, ni una forma de vida (mi agente de loterías lo sabe). Y voy a dar una ejemplo, nada enseña como los ejemplos. Hablando de este tema, me comenta una amiga que una tarde en la que no tenía nada mejor que hacer, se sentó a su computadora a leer un cuento que le envió un amigo de ella. El cuento hablaba de un personaje que había comprado un nicho en el cementerio de su ciudad y como tenía dudas acerca del estado en que se encontraba, fue al cementerio para cerciorarse de que todo estuviera bien. Unos empleados lo ayudan a sacar la lápida y en ese momento ingresa un cortejo fúnebre y presencian la sepultura de un difunto en un nicho vecino. Es decir, el cuento, sin relatar hechos extraordinarios, habla del delgado hilo de la vida. Roza con desapego esos temas que no tienen solución, nos cuesta pensarnos muertos, pensarnos nada, no me digan. Mi amiga estaba muy concentrada, leyendo tranquila en su computadora, cuando suena el teléfono. Una voz muy amable le habla desde un cementerio privado para ofrecerle una parcela. Mi amiga se asusta e insulta a la pobre promotora diciéndole que no es momento de llamar y menos para lo que llama. ¿Qué les parece? Al contármleo, solo se me ocurrió decirle que lo sucedido no era más que una rara coincidencia. Y ella me largó la fatídica frase: no creo en la casualidad, creo en la causalidad. Todavía me pregunto a dónde la llevará esa creencia y como es obvio, igual seguimos siendo amigos.

viernes, 8 de enero de 2010

Ser lo que se puede


“No tengo lo que quiero, pero quiero lo que tengo” decía con simpleza y buen filete el paragolpes de un humilde camión que esperaba como yo que cambiara de color el semáforo. Esa frase sintetiza muy bien lo que solía decir mi abuela en el sentido de que entendiéramos, aceptáramos y valoráramos lo que hubiésemos conseguido, sin perder de vista los deseos, de lo contrario viviríamos frustrados. Y pienso en Argentina, en el puesto 38° a 40° del mundo en varios indicadores de nivel de vida (bienestar, prosperidad, salud). Cuando les pregunto a mis amigos dónde piensan que estamos, me tiran: y… 70 u 80). Es decir, si hay 190 y pico países en el mundo, Argentina ocupa holgadamente el primer tercio, no está mal, pero para nuestra percepción de lo cotidiano está horrible. Suponemos que nuestro destino es estar entre los diez primeros. Algunos idiotas sostienen que llegamos a ser el sexto país del mundo (en PBI), y cuando me lo dicen les pido que se fijen cómo estaba la distribución del ingreso, que lean el informe Bialet Masse y cosas por el estilo. Porque, en definitiva, qué es lo que importa de la vida: el sentir que podemos satisfacer nuestros deseos sin que eso signifique atroces sacrificios (los hombres no necesitamos tantos objetos para vivir, pero sí necesitamos afecto). Sin embargo, atacan de nuevo: por nuestros recursos naturales deberíamos ser una potencia mundial y vivir como duques. Entonces, contraataco: los países africanos deberían liderar ese ranking, hasta diría que muchos de ellos tienen más y mejores recursos que los que poseemos. Como decía mi abuela: por no querer aceptar cómo somos, pretendemos, en una absurda competencia, ser lo que no podemos ser. ¿Por qué no podremos ser aquello que creemos que deberíamos? Hay muchas razones, creo que la principal es que quienes tienen el poder real en nuestro país no les interesa el desarrollo humano, el actual status quo satisface en exceso sus necesidades. La cultura, entendida como forma de acción, se traslada desde el poder. Cuando el poder se corrompe, los ciudadanos nos corrompemos, porque el poder siempre instaura las reglas del juego, y enseña la manera de manejarse para sobrevivir (y si no, remitámonos a un grupo familiar). Entonces habría que ver quién tiene el poder real y cómo lo usa. ¿Cómo se han comportado en general nuestros gobernantes, nuestros jueces, nuestros empresarios, nuestros militares, nuestros religiosos, nuestros maestros o cualquier otro líder de toda calaña? ¿Nos enseñaron a trabajar en equipo? ¿Nos enseñaron el valor de lo colectivo? ¿No enseñaron que el Estado es una propiedad común y no un botín que financian los “tontos” que trabajan? ¿Nos enseñaron a no enriquecerse a costa del empobrecimiento del resto, pagando salarios que no alcanzan para una vida digna? ¿Nos enseñaron a despreciar la doble moral, condenando al Viejo Vizcacha sin festejar sus ocurrencias? ¿Nos enseñaron a valorar a quien se distinguía por sus méritos? ¿Nos enseñaron a que el sentido común no tiene ideología? ¿Nos enseñaron que un rol de liderazgo es una responsabilidad antes que un privilegio? ¿O solo lo hicieron a nivel discursivo? Qué largo me fui hoy, es que (debo reconocerlo) el tema por su complejidad además de excederme (como siempre, maldita sea), merece más lata. En síntesis: quiero decir que para tranquilizarnos un poco y dejar de vivir en este estado de “país de mierda”, propongo revisar el apotegma sanmartiniano y en lugar de repetir aquello tan terminante de “serás lo que debas ser, o no serás nada”, decirnos con cierta complacencia: “serás lo que puedas ser, o no serás nada”. Y además: ¿cómo se sentirán los habitantes de los países que en los rankings de bienestar (como Brasil y Chile, por citar algunos) vienen detrás de nosotros? Tal vez habría que revisar, si es que existe, algún índice de autosatisfacción, en ese seguro que estamos coleros, o uno de autodenigración, donde sí arañaríamos los primeros puestos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Seguidores y leones

Me causa gracia -entre tantas cosas- escuchar los nombres que dan a los seguidores de algunos líderes (kirchneristas, macristas, menemistas, alfonsinistas, lilistas, duhaldistas). Tengo la sensación de que ya no hay más devotos de líderes y que esas filiaciones son efímeras, duran lo le dura el "poder "de quien se puso a conducir. Que el uso de esos términos hoy es una rémora de nuestra cultura caudillesca, militarista, patriarcal, que se pretende perpetuar a través de los medios. Es decir, no se asume que alguien sea afecto a un idea o fomar parte de un equipo, no, debe estar identificado con una persona, ser el seguidor, el perro fiel. Y en realidad, hay personajes en la política -por ejemplo- que fueron tomando distintos gentilicios a lo largo de su militancia.
Pero hay otra cuestión: ¿Gobiernan o gobernaron quien ostentan u ostentaron altos cargos? ¿Tienen el poder que nos quieren hacer creer que tienen? Lo dudo, creo que atribuirles el poder que se les atribuye es una más de las ilusiones que promueven quienes tienen el poder real, los que organizan la jugada, ponen las fichas y los crupieres.
Y si se me permite ser conspirativo: hay un acuerdo explícito o tácito entre los poderosos acerca de cómo deben ser las cosas, cómo debe ser la vida en sociedad, el tipo o la mina que quieren que seamos: una manga de idiotas felizmente sometidos, incapaces de detenerse en las trampas de las partidas que generan tantas injusticias y contradicciones.
Nuestros políticos solo tienen cierto marco de acción que les dura mientras (como decía alguien que prefiero olvidar) no le pisen los huevos al león o le pianten la mina que los deja gozar.
Y los leones tienen sus voceros, sus ideólogos, sus gerentes. Algunos intencionados, otros, tan precarios (por no usar otro término) que hasta ignoran que lo son.
Recomiendo un video: "La historia de las cosas" del que me cuesta compartir su costado ecologista (que es otro tema del que hablaré más adelante en mi siempre intención de opinar con descaro) pero que hace mención a ciertas cuestiones como estas que me atrevo a plantear.

jueves, 29 de octubre de 2009

Racismo canino

Cuando le contamos a alguien como gran novedad que ahora tenemos un perro, enseguida viene la pregunta:
-¿Y de qué raza es?
Y uno como un tarado dice de tal o de cual, o suele hacer el viejo chiste "pp, puro perro" y espera ver la sonrisa del otro, o decir con cierta vergüenza: "mestizo nomás".
Estamos sublimando los restos del racismo humano con los perros. ¿Cuál es la importancia de la raza de un perro? ¿Qué es importante de un perro? Me dirán que a través de esa pregunta nuestro interlocutor sabe de su aspecto, de su tamaño y hasta de su carácter. ¿Y? ¿para qué querrá saberlo? Si el perro es mío. Salvo que quiera saber si gasté algún dinero (mi situación económica), de mis preferencias estéticas, si tengo ovejas o soy policía, y de allí pueda sacar alguna conclusión sobre mí. No sé, se me ocurre que luego deja de ser mi amigo, o deja de visitarme. Otra razón que defienden los que quieren saber de razas de perros es conocer si mi perro será feroz. Dicen que hay razas más feroces que otras (rotwaillers, dogos argentinos, dobermans). Pero eso es como pensar que las razas humanas son más aptas para algunas cosas que para otras. Que los orientales son mejores para meditar o los negros para los deportes. Como si todo eso no dependiera de la cultura y no de un carácter biológico. Es decir, mi perro será feroz de acuerdo a cómo lo crie y no por su raza. ¿O nunca fue tarasqueado por un cuzco?
El único motivo por el cual alguien puede interesarse por la raza de mi perro es por un residuo segregacionista en su cabeza. Aunque a ese alguien nunca se le hubiera ocurrido. He dicho.

viernes, 10 de julio de 2009

Se viene una



Eso decía mi tía extendiendo sin necesidad la u para darle más dramatismo: se viene uuuuna, siempre refiriéndose a desequilibrios climáticos, desabastecimientos, aumentos de precios, caídas de gobiernos, aumento de tarifas o disturbios políticos en ciernes. Si hubiera contabilizado todas sus amenazas, si hubiera hecho un cálculo de sus aciertos en estos últimos años, bien podía haber pensado que estaba loca.
A veces, los argentinos, deseamos de manera inconsciente e inconciente el apocalipsis. No sé cual será el motivo, si para sentirnos víctimas de las circunstancias (tenemos una larga tradición de llorones sin motivo) o para justificarnos de muchas cosas. Lo sentí a mediados de 2008. La economía estaba bien, salvo por nuestra incapacidad para resolver los conflictos, y me refiero al campo. Luego tuvimos la suerte de la crisis global, que aquí sería terrible, cuando en realidad no lo pasamos tan mal y fue menos trágica que en otros países. En este año, otra ola de aquella crisis, más alta, más cruel, seguro nos pegará con más fuerza. La suerte a nuestros malos deseos no nos abandonó y cual antrax  o gripe A (H1N1) (¿se acuerdan?), ya estamos entre los países más afectados, con los peores indicadores. A esto se suman los pronósticos del valor del dólar, como para que no nos falten angustias y podamos gozar tranquilos de la mala fortuna esperando el hachazo final. Y ahora no puedo recordar quién decía que lo peor de las crisis es ¡alentarlas!..

jueves, 5 de marzo de 2009

Pobreza

Hace poco hablaba con un funcionario municipal. Me decía que este año se gastará mucho en asistencia social, esto dado por la recesión hija de la crisis global (que espero no paguemos los asalariados). Entre lo que me contaba refería que los indigentes demandan cosas de manera continua y que esas cosas, en lugar de dedicarlas a mejorar su condición o a resolver el problema que los ha llevado a pedir, las venden. Por ejemplo: chapas de zinc son vendidas sistemáticamente sin que lleguen al destino para el que se las había dedicado. Entonces pensé que esto pasa porque si hubiera desde el gobierno una ayuda sistematizada a la superación de la pobreza, tal vez sería diferente. Me pregunto: ¿no se podría generar un padrón informatizado de pobres e indigentes identificando las problemáticas que cada uno tiene para estar en esa situación? Luego contratar asistentes sociales que releven y hagan un seguimiento de esas familias. Un referente a quien puedan recurrir y les gerencie de algún modo la vida, hasta los propios afectados podrían servir de voluntarios,. Incluso integrar a las distintas organizaciones sociales, entidades intermedias, religiosas a este sistema. Si estuviera la gestión de la pobreza organizada y uno no sintiera que es "usado" para otros fines ¿cuántos desearían participar? Pero claro, hay que ocuparse, plantear objetivos, generar un sistema, en fin, dejar el discurso (sin que esto que acabo de escribir no sea más que un discurso).

martes, 3 de febrero de 2009

Gualeguaychú

Me resulta extraño lo que pasa con la gente de Gualeguaychú, tengo la impresión (no puedo tener otra cosa) de que les gusta demasiado llamar la atención. Pruebas al canto: su carnaval es titulado como el "del País", como si allí se concentrara la alegría argentina. Está bien, es un gancho publicitario y las pasistas, por sus cuerpos, lo merecen. Supieron vincular este espectáculo con la lucha contra las pasteras e hicieron de una reina del carnaval primero una ambientalista y luego una vedette. Ojo, hay que ponerse en bolas frente a tantos mandatarios. La lucha por la ecología del río Uruguay la han organizado de manera de no dejar de ser noticia: sus líderes son varios, aparecen en los medios capitalinos con frecuencia y se los nota muy tozudos a la hora de levantar el más largo corte de ruta internacional después del muro de Berlín. El año pasado (2008), en el conflicto con el campo, hicieron foco de la lucha cortando la Ruta 14, principal vía de comunicación terrestre de Buenos Aires con Brasil y pusieron una persona de esos lugares (sin tener un puesto orgánico) como ícono de las reivindicaciones. Algo debe tener esta gente respecto del protagonismo. ¿Será porque allí nació el primer escritor profesional de la Argentina? ¿O porque llegaron con sus jugos a todo el país? ¿O porque el nombre de su ciudad quiere decir "Tigre Grande"? Qué se yo, no faltará en el futuro algún otro hecho que ponga algunas cámaras de televisión en ese lugar y a nosotros, seres anónimos e ignorados, a mirar con estupor y curiosidad.